Sucesiones

En las normas sobre sucesiones se regulan qué derechos y bienes pueden transferirse tras el fallecimiento de una persona, cómo pueden transferirse dichos bienes y qué personas que pueden ser herederas de ellos.

En el momento en el que fallece una persona, empiezan los derechos a la sucesión. La sucesión se manifiesta en un testamento que se hace por voluntad de la persona (sucesión testamentaria) , a falta de éste, se sigue lo que indique la ley.

La herencia incluirá todos los bienes, derechos y deberes de una persona. En la ley se reservan algunos bienes que se trasmiten obligatoriamente a determinados personas, llamadas herederas forzosas o legitimarias.

La sucesión hereditaria puede ser:
– A título universal: denominada herencia. En ella se sucede a la persona fallecida en todos sus bienes y obligaciones transmisibles, a excepción de los legados.
– A título particular: denominado legado. En este caso se sucede en uno o más bienes determinados.

Son herederos legítimas o forzosas las siguientes:
1. Los hijos, hijas y descendientes respecto de sus padres, madres y ascendientes.
2. A falta de los anteriores, los padres, las madres y ascendientes respecto de sus hijos e hijas y descendientes.
3. El viudo o viuda en la forma y medida que establece la ley.

Se denomina legítima al derecho que les corresponde a los hijos y demás descendientes, y supone un tercio de la herencia y se distribuye a partes iguales entre ellos. También tienen derecho al tercio de mejora el cual puede ser para uno solo de las personas legitimarías o distribuirse a partes iguales.
El cónyuge viudo: su legítima es siempre en usufructo, y será menor o mayor, según con quién concurra a la herencia:
1. Si hay hijos u otros descendientes, le corresponde el usufructo de un tercio (el de mejora) de la herencia
2. Si sólo hay ascendientes, la legítima es el usufructo de la mitad de la herencia
3. Si no hay ascendientes ni descendientes de la persona fallecida, heredará el usufructo de dos tercios de la herencia.